Downtown Mexico. Mexico DF. Mayo 2013.
Conozco, con nombre y apellidos, a unas veinte personas que quieren ir al Downtown y, sin nombre y apellido, conozco a algunos cientos. Yo era una de esas personas. Pensaba que sería un hotel bonito. Y ya. Tengo el listón de asombro hotelero bastante alto, me temo, pero este lugar lo ha dinamitado.

Mis razones para el flechazo:
-Los árboles del patio: Estos laureles tienen una doble función: dan sombra en el restaurante Azul Histórico y, ojo, están podados para que sirvan de jardín en la planta superior. Una solución brutal y llena de poesía.


La piscina: Quizás sea la más fotografiada del continente.
Las habitaciones con techos de seis metros, sin muros, sin armarios. Post-lujo en estado puro.

La selección de tiendas: desde chocolaterías a material de Bellas Artes pasando por diseño irreverente.
La idea de encajar un hostel en la zona trasera del hotel. Se puede dormir en Downtown Beds desde 14 euros y acceder a el resto de las zonas comunes del hotel, incluida la piscina. Lo sé: es lo más.

Hotel Habita. Mexico DF. Abril 2013.
LLegué a este hotel tras 11 horas de vuelo (en turista, gracias) cansada y despeinada. Me enseñaron la habitación y oh, emoción, era la misma en la que me había quedado unos años antes.

Adoro estas coincidencias y las cargo de significado y de simbología. Tan contenta: el Universo a mi medida.
Me gusta prepararme un cuenco de papaya, mango y fresas con yogur y granola.

Me gusta tumbarme en el sofá a ver series cuando no puedo dormir. Me gusta salir al balcón descalza por la mañana para comprobar que hace, como siempre, bueno. Me gusta escaparme a ratos a la piscina de la terraza y me gusta usar el café como improvisada sala de reuniones.

Esto es lo más cerca que he tenido de tener una casa mexicana. Este es el lugar donde más noches he dormido en Mexico DF.
The Halkin by Como. Londres. Abril 2013
No sé cómo se consigue pero se consigue. Se puede estar en el centro de Londres y sentirte vecino de las hermana Crawley. Se puede estar en un hotel rematadamente moderno y que todo te parezca que lleva ahí toda la vida.

Se puede dormir en un sitio exclusivo, donde duermen personas de esas que vemos en las portadas de la prensa y que nos traten como nos trata nuestro zapatero favorito: con calidez y respeto.

Se puede estar en Belgravia y comer cocina española de élite en Ametsa with Arzak Instructions, nada más y nada menos. Se puede formar parte de un sello internacional y detenerse en detalles como forrar los taburetes del baño con tela de toalla. Se puede. Lo he visto. Lo único que le reprocho es que no tuve tiempo de darme un baño ni de dormir una siesta en el sofá. Un hotel no es un hotel hasta que no has dormido una siesta en él.

The May Fair-Radisson Blu. Londres. 2013.
Y si son metros en una de las mejores direcciones de Londres, mucho mejor. Si tengo que elegir entre metros cuadrados y localización, prefiero una habitación pequeña. pero odio tomar decisiones de ese calibre. Lo quiero todo.

Quiero una habitación grande en el mejor sitio posible. Esta del hotel The May Fair tiene dos baños, espacio para dos camas gigantes y un vestidor. Resuelve una de mis manías: no me gusta ver la maleta mientras estoy en un hotel.

Dean Street Townhouse. Londres. Abril 2013.
En mi primera día en un Soho House llovía y hacía frío. Pasé de largo la puerta del hotel, alguién la abrió y me invitó a entrar.

Me acompañó hasta la habitación y allí me dejó. Boquiabierta. No era ni grande, ni tenía las mejores vistas de Londres ni rezumaba lujo del de siempre.

Era, simplemente perfecta con su moqueta tan clara, su baño con suelo de damero, y su radio retro que puse enseguida, claro está. Una habitación así es con música o no es. Señores de Soho House: aterricen pronto en España. Es una orden.

Detalles que me sulibellan:
-Café, fruta y galletas de chocolate gratuitas.
-Planchas para el pelo en un cajón. Que no usé porque no sé.
-Una bolsita con preservativos
-Revistas editadas por Soho House de comida y bebida.
-Más revistas. Pero revistas buenas. Todos sabemos cuáles son.
-Muchos productos de Cowshed. Muchos.

En un episodio de House of Cards, Kevin Spacey dice: “Power is a lot like real state. It´s all about locatio, location, location”. Esto se traslada a los hoteles.

El hotel The Gray está en Milán, situado a:
-Dos minutos de La Rinascente y sus famosas terrazas acristaladas de la última planta
-Tres minutos de Il Duomo y sus lonas de Longchamp y DKNY
-Tres minutos de la Galleria Vittorio Emanuele y la tienda de Borsalino
-Siete minutos de Excelsior y su brutal sección de cosmética nicho.
-Siete minutos de Peck, donde podríamos morir comiendo bresaola.
-Diez minutos de Brera y sus señores con pelazo blanco y bici.
-Diez minutos de Bagutta y su risotto.
Todo es location, location, location. Pero definamos location. A veces, el mejor lugar no es el que está cerca de algo, sino el que está lejos de todo.
Mi oficina es portátil. Mi oficina es pop-up, que suena más 2013. Aparece y desaparece. Adoro esa ligereza.
Me gusta cuando la instalo en hoteles. Hace unos días llegué a Barcelona. Entré en el Majestic. Abrí la puerta de mi casa pop-up y comencé el ritual.
Me quité los zapatos para caminar sobre el suelo: un respeto. Abrí la ventana para ver la vista. Curiosa expresión: ver la vista. Allí estaba la ciudad, la hermosísima ciudad.

Deshice la maleta. Siempre lo hago aunque vaya a estar solo unas horas. Comprobé que, como todo buen hotel, era mucho más bonito en realidad que en fotografías. Con los no-buenos ocurre al contrario.

Probé la cama. La cama es el corazón del hotel. La cama es mi lugar favorito a la casa, y como un buen hotel es mi casa, es mi lugar favorito del hotel.

Decidí dónde iba a instalar la oficina. Abrí una botella de cava que me habían regalado. También abrí el portátil. Subí los pies descalzos al sillón. Y empecé a escribir.

Nadie lo cuenta, pero en este hotel se pasa miedo. Miedo del bueno, que lo hay, del que gusta contar, pero miedo del que te tensa los músculos.
Este hotel se llama Elephant Bedroom Camp porque aquí los elefantes campan a sus anchas. Y los monos. Tú eres el intruso, ellos están en casa.

Por eso, si una está tomándose su taza de café keniano y al elefante le da por pasar con su manada, una se levanta y le cede el paso. Y si lleva sombrero se lo quitas para saludarlo.
Pero por la noche, en la super oscura noche africana, una se encierra en su tienda. Se lava los dientes, se mete en la cama, da gracias por estar en un sitio tan bonito y empieza a escuchar ruidos. Ruidos que no sabe que existían. Y como no se ve nada, se imagina todo. El Elephant Bedroom Camp es extremadamente seguro, pero hemos visto demasiadas películas.

Las tiendas están protegidas. Los elefantes no entran ni de día ni de noche, pero se pasean muy muy cerca. Los monos quizás entren de día si no se cierra con llave, pero estamos de acuerdo en que preferimos un mono a un ladrón.

Por lo demás, este es uno de los sitios más extraordinarios en los que he estado en mi vida. El atardecer allí lo tengo ya bien guardado en la retina.

Lounge y avión de Turkish Airlines. (Madrid-Estambul-Nairobi) Diciembre 2012.
Hay noches, o días, en los que toca dormir en aviones o aeropuertos. No pasa nada: se duerme. Hacerlo en una sala VIP o en un asiento de clase Business ayuda. Mucho.
Al Lounge de Turkish Airlines del Aeropuerto de Estambul da pena entrar con sueño. Hay demasiado que hacer. Esto es un problema, porque la mayoría de las veces, mi yo sensato solo quiere un enchufe donde cargar el móvil, un sillón silencioso para acurrucarse y una botella de agua. Pero a mi yo sensato le desobedezco siempre que me apetece, que para eso es mi yo.

Entonces, aparece mi yo juguetón, que todo lo invade. Adiós botella de agua y adiós sueño tranquilo. Hola bebidas de mil tipos, hola visitas desordenadas al buffet alternando dulce y salado, hola inspección detallada del baño, hola revisteo en varios idiomas, hola wifi, charlas y espionaje de aeropuerto. Adiós sueño.

Y para ese yo, este Lounge de Estambul es un campo de juegos perfecto. Hay una mesa de billar al estilo otoman meets Downton Abbey, masajes, tantos libros pintones como en un VIPS, un piano que toca solo, consignas que parecen instalaciones de arte contemporáneo y demasiado que comer.

Hay señores que prepararan pizzas artesanales, tartas de la pastelería vienesa Demel, mezze local, miel directamente traída del panal, cafés turcos para estar despierta toda la eternidad y aceitunas de todos los colores. Mi yo sensato, en lugares como este, se da por vencido.

Así no hay quien duerma. Eso sí, siempre queda el avión, pero, otro problema de la Business Class es que pasan demasiadas cosas y distraen del sueño. Lo bueno es pensar que, si queremos, podemos. Saber que el asiento se extiende nos tranquiliza. La constancia de ciertas cosas funciona como somnífero.
Eka Hotel. Nairobi. Kenia. Diciembre 2012.
Nairobi es una ciudad trampolín: uno la pisa para salir propulsado hacia otro lugar. Mal. Mal. Estos lugares, como Delhi, por ejemplo, merecen una oportunidad.

Nairobi no suele ser como se imagina porque no se imagina. Eso se deja para la sabana y los safaris. Por eso, al llegar allí todo sorprende: la arquitectura setentera del downtown, la elegancia de los kenianos, lo difícil que es elegir restaurante para cenar porque todos apetecen, la vibrante clase media y la ausencia total de franquicias. No busques un Zara: no hay. Y a las afueras está la granja donde vivió Karen Blixen.
Tenemos que querer a Nairobi. O al menos, dedicarle un poco de tiempo. A veces es lo mismo.

Joys Camp (Cheli&Peacock). Samburu. Kenia. Diciembre 2012
Antes que yo, aquí durmió, no exactamente aquí pero aquí, Joy Adamson. Esta sueca es la autora de Nacida Libre. Ella se instaló en a Shaba National Reserve y ahí vivía con su hembra de leopardo, sin querer saber mucho de las personas, escribiendo sus libros mientras reposaba la cabeza en el lomo del animal. Literal.
Esta es la ración de storytelling. Hablemos de Joy´s Camp. Hoy, el lugar donde vivió esta heroína-antiheroína es un hotel al que me da verguenza llamar hotel, pero no encuentro otro nombre. Os presento a Joys´s Camp, uno de los lugares más románticos (también me da verguenza escribir el adjetivo) que he visitado en mi vida.
Bienvenidos a mi armario, perfectamente diseñado

Bienvenidos a mi sala de lectura. Cuánto he llorado sentada ahí leyendo Nada se opone a la noche.

Bienvenidos a mi ducha, potente y caliente gracias a la energía solar, por supuesto. Y con ventana.

Bienvenidos a mi salón. Y perdón por la egofoto.

Bienvenidos a mi piscina, a mi acacia y a mis nubes. Disculpas, de nuevo, por caer el tópico instagramero.

Bienvenidos a mi tienda. Y sí, de noche hay ruidos raros. Y sí, de día la luz es emocionante.

Nota mental: volver aquí en cuanto pueda.
Lewa Safari Camp. Kenia. Cheli & Peacock Safaris. Diciembre 2012.
Cuando te enteras de que vas a dormir dos días en una habitación/tienda/cabaña sin llave, te asustas durante dos segundos. Luego te asustas de estar asustada. Y te olvidas y disfrutas de esa ligereza

Cuando te enteras de que vas a dormir dos días en una habitación/tienda/cabaña sin puertas, te asustas durante dos segundos. Luego te asustas de estar asustada. Y te olvidas y disfrutas de esa sensación.

Cuando te enteras de que vas a dormir dos días en una habitación/tienda/cabaña sin calefacción, y fuera hace frío, no te asustas pero, casi. De repente abres la cama y encuentras una bolsa de agua caliente. Y te olvidas del frío y disfrutas de que ya no lo tienes. Una bolsa de agua caliente: el lujo era eso.

Para soñar ( y saber más). http://www.magicalkenya.com/
Hotel Dorint. Basilea. Suiza. Noviembre 2012

Suiza se define en detalles como este: una gran cama y dos edredones pequeños. Basilea es como su hijo predilecto: tranquila, irreprochable, eficaz con ramalazos de emoción. Justo como Roger Federer.
Hotel María Cristina. A Luxury Collection Hotel. Octubre 2012. San Sebastián.
No es Park Avenue, no es la casa de una heredera del imperio Lauder, no es una película de Max Ophüls, no es una recreación de Lagerfeld para un desfile de Chanel para la Belle Époque. Es el nuevo Hotel María Cristina. Es malva, es femenino, tiene un Dry, está en San Sebastián. No necesita ser otra cosa.




